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martes, 4 de febrero de 2014

Un naufrago, un tío perdido y la mina del lápiz

XIV.- Segundo día de viaje.


Mar arada con vertedera. Rumbo a los islotes mágicos de arena. Regurgito de mañana recuerdos secretos de la tarde del naufragio. Manoseo el momento. Solo, en lo más profundo del Bora, vacío las tripas. Un nuevo episodio de mi neurosis intestinal, un colon iracundo, en crisis de retorcijones que a calzón bajado menguan. Golpe en el paquebote. Estruendo. Agua tobillera. Laberinto de pasillos navegables, vacíos e inclinados de película expresionista, tienen una fuga de aire, que huye al ver al agua con prisa. Olvidar para soportarme, o al revés. 
Asociado a este trauma otra faena cómica. 
Destartalada oficina bancaria de la Habana castrista. Urgencia por hiperlaxitud de esfínter, necesidad por apremio intestinal. Cara de parturienta. Demanda. Guiado por un mercurio del departamento de deposiciones, no, imposiciones, al trote atravieso una estepa de viejos muebles, ondeando al viento dos metros de papel continuo carbónico con puntillas en los bordes, paridos por una impresora Matriz de impacto H.P. del 92 Supermirafiori. En un verbo decoro el sumatorio al pastel (período marrón-glasé). Finalizadas las maniobras, y por dos veces, cubo en mano animo a mis entrañas a conocer el averno revolucionario. Conste el óbolo donado al famélico segurata, aunque sé del desprecio revolucionario por el afán monetarista de nuestra decadente civilización capitalista. Gloria y paz para la unión de civilizaciones. Sonrío, me alegro la mañana.


Tarde lenta de viento calmo. Cuando el sol quería dormir grito tierra. Cáscara de tierra con forma de caparazón de tortuga. Punto y aparte de un océano cósmico. Anclo el jorobado balandro a la ínsula menguante. Por delante hasta el “acqua alta”, como mucho seis horas de estrellas para dar tierra a mi cuerpo. Cuerpo a tierra, en cruz, la cúpula celeste me mira sin verme. Duermo deprisa en un reloj de arena que se hunde.



Tercer día de viaje.

Mucha mar por delante. Miedo. Navego corriente arriba el mar del sur. Silencio que grita. Sol. Melancólico atardecer. Canto para huir.
“Él camina despacito que las prisas no son buenas
…………………………………………………………………………….
"Soldadito conociste una sirena
de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena
escogiste a la más guapa y a la menos buena
sin saber cómo ha venido te ha cogido la tormenta.
Él quería cruzar los mares y olvidar a su sirena.”
                    Soldadito marinero.   Fito y los fitipaldis.

Cuarto día de viaje.

Mar inmenso. Niebla. Veo lo mismo que ciego. Noche húmeda y larga.


Quinto día de viaje.

Nada.

Sexto día de viaje.

Espejismo de niebla que parece tierra. ¡Tanta mar!, como para llenar una tierra
....

Décimo día de viaje.

Pierdo de vez en cuando el sentido. Me apago. Cansancio. Vigilia nocturna.



Último día.

Creo que me muero. Párpados a media asta, no veo. Pesadillas. Espejismos. Ensoñaciones. Sin sentido pasa mejor el tiempo. A la deriva. Dormito o me muero.


Continuará

(Texto Nemo Ipse)